La gran resistencia del comercio en el callejero coruñés

La gran resistencia del comercio en el callejero coruñés

La crisis y el fin de las rentas antiguas hace unos años dieron al traste con muchos negocios y hay quien todavía se resiente y acaba cerrando. Sin embargo, callejeando por A Coruña uno todavía tiene la oportunidad de encontrarse con algunos supervivientes que tras décadas e, incluso, centenarios, siguen atendiendo a la clientela con esa cercanía y poso de sabiduría que da la experiencia. Hace escasas semanas se celebraba el 60 cumpleaños de una de las cafeterías de Bonilla a la Vista, pero no es el único negocio de hostelería que puede presumir de estar más joven que nunca en la agenda de los vecinos.

Establecimientos como La cabaña del cazador, Gasthof o Sheraton, entre otros, continúan sumando años sin perder el algo especial que hace que se mantengan en la ruta de la clientela. Uno de los más longevos es La Gran Antilla, una pastelería-café que en 2018 alcanza los 130 años.

Los actuales propietarios recuerdan en todo momento la importante labor que realizó la familia que lo puso en marcha. Cuando iba a volver a cambiar de manos, hace pocos años, se hicieron cargo porque era “un reto” tanto empresarial como arquitectónico mantener en pie un local con tanta solera y “con gran potencial” del tipo de los que están de moda en medio mundo.

No muy lejos de allí, Carmen Pico también vende preparados para el cuerpo, pero a su manera. “Queremos dar talleres gratuitos para explicar las propiedades de las especias y su uso: por ejemplo, el azafrán en rama en infusión es antidepresivo”, comenta la actual propietaria de Azafranes Bernardino.

La propuesta comercial no es nueva –basta con dejarse guiar por el olfato para dar con este despacho de la Galera– pero Pico quiere ir más allá de lo que se ofrecía hasta ahora. Junto con su equipo trabaja en nuevas fórmulas para patentar, sin dejar de lado las mezclas para dar sabor al “cordero, al pollo, al churrasco o a los callos” que crean a base de “azafrán nacional” y otros ingredientes. El Bernardino de 1800 nunca pasa de moda y así lo demuestran “muchos cocinillas” a estrenar en los fogones que se plantan últimamente frente al mostrador.

Fuente: El Ideal Gallego

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