Reportaje en TVE Aquí la Tierra 31/01

La Federación Provincial de Comercio homenajea a los comerciantes que regentan tiendas con más de 50 años de vida, entre ellos, Azafranes Bernardino, con 209 años de historia.

Muchos nacieron siendo un ultramarinos y acabaron especializándose en lo que más salida tenía, acaparando diferentes bajos de la ciudad y dejando como herencia a los familiares un mostrador y una cartera de clientes que, si querían mantener y aumentar, deberían aprender el oficio con el que habían crecido. La Federación Provincial de Comercio premia a los negocios con medio siglo de vida, pero hay establecimientos que no sólo les doblan la edad, sino que la cuadriplican y que apenas han sufrido cambios estos años.

Han resistido y se han hecho fuertes, han sabido encontrar en la adversidad la posibilidad del cambio y muchos han visto nacer y morir a sus fundadores y herederos hasta cambiar de manos, incluso de apellidos. Algunos de los comercios tradicionales que llenan los bajos de la ciudad nacieron como una prueba, como una iniciativa para dejar de ser una cosa y empezar a ser otra. Algunos pasaron de ser una simple casa de cambio a una cadena de joyerías, otros, de vender revólveres y caramelos a zapatería por obra y gracia de un naufragio que llenó de alpargatas lo que ahora es el dique de abrigo y las arcas de la familia Villar, que compraron la mercancía del barco siniestrado en 1933, le quitaron el salitre e hicieron que los coruñeses se subiesen a esos zapatos que no parecían arrancados al mar.

La Federación de Comercio de A Coruña homenajeó ayer a los comerciantes que regentan los negocios más longevos de la provincia, los que han abierto sus puertas al público cada día desde hace ya más de medio siglo. Gana por goleada Azafranes Bernardino, con 209 años de vida y con apenas unos cambios en la estructura de la tienda. "Lo más importante aquí son el pimentón y el azafrán", dice María Paz Vázquez, que lleva 35 años tras el mostrador del negocio más antiguo de la calle Galera y que, cada día, despacha desde un centenar de tipos de especias diferentes a nueces de Macadamia. Dice que es un negocio familiar y no hay cliente que haya pisado alguna vez el suelo de Azafranes Bernardino que no recuerde el olor que impregna la tienda. "No ha cambiado casi nada porque seguimos utilizando las pautas antiguas", dice María Paz, mientras su compañera pone en bolsas de plástico el pedido de una clienta.

La Opinión A Coruña (26 jun 2009)

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